ciertos temas!
y tu que crees?
cuales nombres de temas te parecen? (y su banda, por supuesto)
empiezó:
God Save the Queen – Sex Pistols
Venus de milo – Television
…y…
bad brains blondie buzzcocks cbgb dead kennedys dee dee ramone gang of four historia punk ian dury johnny ramone literatura los ramones mods new york dolls patti smith pere ubu public image ltd. punk77/07 the adverts the buzzcocks the clash the damned the rezillos the slits the stooges the understones wayne world wire
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y tu que crees?
cuales nombres de temas te parecen? (y su banda, por supuesto)
empiezó:
Los punks también se conectan por twitter, hoy en dia, claro, por eso nos conectamos a twitter para mantenerlos actualizados de las últimas cuatro decadas de la historia.
The Ramones are the first punk rock band. Other bands, such as the Stooges and the New York Dolls, came before them and set the stage and aesthetic for punk, and bands that immediately followed, such as the Sex Pistols, made the latent violence of the music more explicit, but the Ramones crystallized the musical ideals of the genre. By cutting rock & roll down to its bare essentials — four chords; a simple, catchy melody; and irresistibly inane lyrics — and speeding up the tempo considerably, the Ramones created something that was rooted in early ’60s, pre-Beatles rock & roll and pop but sounded revolutionary. Since their breakthrough was theoretical as well as musical, they comfortably became the leaders of the emerging New York punk rock scene. While their peers such as Patti Smith, Television, Talking Heads, and Richard Hell all were more intellectual and self-consciously artistic than the Ramones, they nevertheless appealed to the same mentality because of the way they turned rock conventions inside out and celebrated kitschy pop culture with stylized stupidity. nota completa »
ED SANDERS: El problema de los hippies fue que la propia contracultura desarrolló una hostilidad interior, entre los que contaban con el equivalente a un fondo en depósito y los que tenían que ingeniárselas para sobrevivir.
Es cierto que los negros, por ejemplo, sentían un resentimiento hacia los hippies en el Verano del Amor, en 1967, porque percibían que aquellos chicos que dibujaban amebas en sus libretas de Sam Flax, quemaban incienso y tomaban ácido, podrían salir de aquello en el momento en que quisieran.
Podrían volver a casa.
Podrían llamar a su mamá y decirle,
“Sácame de aquí”.
Mientras que alguien que se ha criado en las viviendas subvencionadas de Columbia Street y se mueve por los límites del parque de Tompkins Square no tiene escapatoria. Esos chicos no tienen ningún sitio adonde ir. No pueden volver a Great Neck, no pueden volver a Connecticut. No pueden volver al internado en Baltimore. Están atrapados.
Así se desarrolló otro tipo de hippie, más lumpen. Gente que procedía realmente de una infancia llena de abusos, de unos padres que los odiaban, que los echaban de casa. Chicas procedentes de familias religiosas que las llamaban putas, o decían, “Has abortado, largo de aquí”, o “He encontrado píldoras anticonceptivas en tu bolso, fuera de aquí”. Y esos chicos fermentaron en una especie hostil y callejera.
Punks.
DANNY FIELDS: Yo estaba en Los Ángeles, alojado en el Castle, con Edie Sedgwick y Nico. El Castle era una casa de dos pisos, propiedad de alguna reina de Hollywood que la alquilaba a grupos de rock. Todo el mundo se había alojado allí, Dylan, los Jefferson Airplane, la Velvet. La propietaria la alquilaba a los grupos porque la casa estaba en estado ruinoso, y le daba igual lo que pudiera ocurrir.
Antes de llegar, había estado en San Francisco viendo a los Doors en el Winterland. Después del concierto, fui a los camerinos y me encontré a Morrison rodeado de groupies, muy feas y desaliñadas. Pensé que aquello era malo para su imagen, y me propuse que Morrison se liara con Nico. Quería que conociera a Nico, se enamorase de ella, y se diera cuenta del tipo de chicas con las que debía salir. En realidad, no era asunto mío, pero…
Nunca he sentido ningún respeto por Oliver Stone, y después de ver la escena del encuentro de Morrison con Nico en la película de los Doors…
“Hola, soy Nico, ¿quieres acostarte conmigo?”.
La realidad no pudo ser más distinta.
Lo que pasó fue que me encontré con Morrison en las oficinas de Elektra, y él me siguió hasta el Castle en un coche alquilado. Morrison entró en la cocina, y allí estaba Nico. Se quedaron mirando al suelo, sin decir nada.
Eran demasiado poéticos para decir algo.
Entre ellos se creó un rollo aburrido, silencioso y poético, una unión mística. Creo que Morrison le acarició el pelo, y después empezó a ponerse muy borracho, mientras yo le suministraba los restos de droga que Edie Sedgwick no me había robado.
(…) Cogí un poco de ácido que quedaba y se lo di a Morrison, que se colocó tanto que quiso largarse con el coche. Entonces quité las llaves del contacto y las escondí debajo del felpudo del coche. Tenía miedo de que se despeñara por un acantilado. Yo estaba allí cobrando de Elektra, y no hubiera quedado bien que el cantante se matara porque el publicista le había puesto hasta el culo de todo. Preferí secuestrarlo.
En el Castle no había teléfono. No podía salir de allí. El sabía que yo le había quitado las llaves, pero iba demasiado colocado… Al final me fui a dormir.
Cuando ya dormía, Nico entró en mi habitación, gritando, “¡Me va a matar! ¡Me va a matar!”. “Déjame en paz, Nico, estoy durmiendo”, le contesté yo. Entonces se fue y la oí gritar. Miré por la ventana y vi a Morrison en el patio, tirando a Nico del pelo. Al cabo de un rato, David Numan me volvió a despertar y me dijo, “Sal a ver esto”. Entonces vi a Nico en la entrada, llorando todavía; y a Morrison encaramado al tejado, desnudo a la luz de la luna, saltando de un torreón al otro.
IGGY POP: Después de oír a la Paul Butterfield Blues Band, a John Lee Hooker y a Muddy Waters, incluso a Chuck Berry, no podía volver a escuchar a los grupos de la British Invasion, como los Kinks. Lo siento, los Kinks son geniales, pero cuando eres joven e intentas descubrir dónde tienes las pelotas, piensas, “¡Esto es una mariconada!”.
Había intentado ir a la universidad, pero aquello no era lo mío. Conocí al guitarrista de la Paul Butterfield, Mike Bloomfield. Me dijo que, si quería tocar, tenía que ir a Chicago. Me fui con 19 centavos en el bolsillo, con unas chicas que trabajaban en Discos Discount. Me dejaron en casa de un tipo llamado Bob Koester, el propietario de la tienda de discos especializada en jazz. Dejé allí mis cosas y fui al barrio de Sam. Yo era el único blanco. Daba miedo, pero formaba parte de la aventura. Pequeñas tiendas de discos, mojos en los portales, gente vestida con ropa de colores chillones. Encontré la casa de Sam, y a su mujer le sorprendió mucho que le andara buscando. “Ahora no está. ¿Te apetece un poco de pollo frito?”, me dijo.
Sam estaba tocando con Jimmy Cotton, y yo iba a verlos y aprendía lo que podía. Muy de vez en cuando me dejaban tocar, y ganaba 5 o 10 dólares. Una vez toqué con Johnny Young; le había contratado una agrupación eclesiástica blanca, y yo le pedía muy poco dinero, de modo que me dejó tocar. Fue muy emocionante codearme con aquellos tipos. Tenían una actitud de vividores. Me di cuenta de que para ellos la música era algo natural; infantil y encantador en su simplicidad. Era una forma de expresión natural, un estilo de vida. Estaban siempre borrachos, siempre hablaban de sexo. Eran sólo unos tíos que no querían trabajar y tocaban de puta madre. Me di cuenta de que estaban muy por encima de mí; era ridículo que intentara copiarlos, como hacían la mayoría de grupos de blues blancos.
Entonces, una noche, fumé un porro. Siempre había querido tomar drogas, pero hasta entonces no lo había hecho porque sólo conocía la marihuana, y era asmático. Pero Vivienne, la chica que me había acompañado a Chicago, me había dejado algo de yerba. Me fumé el porro y de pronto lo vi todo claro. Lo que tienes que hacer es tocar tu propio blues, pensé. Describir tu experiencia como esos tipos describen la suya…
Y así lo hice. Adopté sus formas vocales, y también sus giros lingüísticos; cosas que oía o malinterpretaba de sus canciones. Probablemente, “I Wanna Be Your Dog” sea mi malinterpretación de “Baby Please Don’t Go”.
n style=”font-weight:bold;color:rgb(255,255,0);”>RON ASHETON: Era la primera vez que entrábamos en un estudio. Colocamos los Marshalls y pusimos los volúmenes al diez. Empezamos a tocar y John Cale va y nos dice, “No, así no”. “No hay ningún así, así es como tocamos”, dijimos nosotros. Cale nos decía lo que teníamos que hacer, y, como los típicos jóvenes tercos que éramos, hicimos una sentada. Dejamos los instrumentos, nos metimos en una de las cabinas, y empezamos a fumar costo. Pero Cale no cejaba en su empeño. Nos daba lecciones de grabación: “Con estos amplis tan grandes no se consigue un buen sonido. No van bien”. Pero nosotros no sabíamos tocar si no era a ese volumen. No dominábamos los instrumentos, eran todo acordes con cejilla. Habíamos teloneado a Blue Cheer en el Grande, y llevaban triples columnas de Marshalls, tocaban tan alto que dolía, pero nos encantaron. ¡Triples columnas! Era lo único que conocíamos.
Al final, llegamos a un acuerdo. Bajamos los amplis al nueve.
BILL CHEATHAM: Ronnie recibió una llamada de un tipo de Hacienda, diciendo que el grupo debía un montón de dinero en impuestos atrasados. Ronnie le dijo que no sabía nada. El de Hacienda le dijo, “Será mejor que os lo miréis”. Entonces Ronnie le dijo, “Mira, tío, somos todos drogadictos, no sabemos dónde está el jodido dinero”. El otro colgó, y los Stooges no volvieron a tener noticias de Hacienda.
BEBE BUELL: Conocí a David Bowie en el Max’s. Yo estaba con Todd Rundgren y un grupo de gente. Él estaba con su mujer. Vinieron a nuestra mesa y David me dijo que su mujer y él me encontraban muy guapa, y que se llamaba David, que aquélla era su mujer, Angela, y me preguntó cómo me llamaba yo. “Soy Bebe Buell, y éste es mi novio, Todd Rundgren”, le dije yo. Miró a Todd y le dijo, “He oído a hablar de ti. Dicen que eres muy inteligente”. Y Todd le contestó, “Sí que lo soy. Y también dicen que tú me estás plagiando”. David le miró como si estuviera loco. Hubo un enfrentamiento inmediato entre los dos.
Al día siguiente, David Bowie me llamó por teléfono. Se había enterado de dónde vivía y había buscado el número. Me invitó al Radio City Music Hall, a ver a las Rockettes, y después quiso que le hiciera de guía turística por Nueva York.
Era muy dulce. Fui de compras con él. Me compró dos pares de zapatos y un par de vestidos, además de unas estrellas de purpurina. Nos pusimos las estrellas en la cara cuando le llevé a ver a los Dolls una semana más tarde. David me vino a buscar en una enorme limusina, y yo le pregunté, “¿Cómo pagas todo esto?”, “Mi manager me lo paga”, contestó él. David ya era muy extravagante, para no ser todavía conocido en Norteamérica. Fuimos y nos lo estuvimos montando durante todo el concierto. Los Dolls estuvieron increíbles, y entre beso y beso, Bowie lucía una enorme sonrisa en la cara. Sí, volvía a ser la furcia número 1, porque la foto salió en los periódicos y toda la ciudad lo supo. “¡La furcia ataca de nuevo!”.
RAY MANZAREK: Danny Sugerman me llamó y me dijo que mí cantante estaba en la cárcel, y que teníamos que ir a pagar la fianza. Le habían detenido por embriaguez y desorden público. La fianza era sólo de 150 pavos. Entregamos el dinero, y en veinte minutos apareció James “Iggy Pop” Osterberg tambaleándose, con un vestido de mujer.
Me lo quedé mirando y le dije,
“Jim, ¿llevas un vestido de mujer?”.
“Siento discrepar”,
me contestó él.
“Es un vestido de hombre”.
MARY HARRON: En otoño de 1976, en Londres, podías sentir que el mundo temblaba. Sentía que lo que en Nueva York había surgido como una broma, se había hecho realidad en Inglaterra, gracias a un público más joven y violento. Y que, de algún modo, la importación del movimiento había creado algo nuevo y diferente. La cultura rock adulta, intelectual y bohemia de Nueva York, se había convertido en una movida loca y adolescente en Inglaterra. Recuerdo que aquel verano fui a ver a los Damned, que me parecían malísimos, con mi camiseta de la revista Punk. La gente se me tiró encima. Todo el mundo estaba emocionado con mi camiseta de Punk. No sabía qué decir. Estaba en el backstage y veía a centenares de chicos con el pelo teñido de rojo y la cara blanca. Llevaban cadenas, esvásticas y cosas clavadas en la cabeza, y yo pensaba, “Dios mío, ¿qué hemos hecho? ¿Qué hemos creado?”.
Tras el impacto del rock & roll a mitad de la década del 50 y la psicodellia a mediados de los 60s, el punk fue la tercer gran revolución que aconteció en el seno de la cultura rock (la restante, y, hasta ahora, última ha sido la explosión del house, las raves y la electrónica a principios de los 90s).
En la segunda mitad de los 60s, con el advenimiento de la contracultura hippie no tardaron en aparecer elementos disidentes, materializados en artistas como Velvet Underground en Nueva York y la trilogía formada por The Stooges, MC5, y Alice Cooper en Detroit, que, con su perfil de excesos y oscuridad, formaron parte de una suerte de contracultura underground, una alternativa a los ideales de armonía universal de sus compañeros de generación californianos. Esta es la raíz de lo que hoy conocemos como punk rock, un movimiento socio-estético-musical gestado a mediados de los 70s en Nueva York, de la mano de un grupo de jóvenes básicamente intelectuales, amantes de los poetas malditos franceses, los beatniks y las bandas de rock oculto mencionadas anterirmente.
El movimiento crece en la oscuridad
de los pequeños reductos para entendidos,
sólo apoyado desde la prensa
por un puñado de periodistas
buscadores de novedades.
Al otro lado del oceáno, en Gran Bretaña, estos pioneros eran observados atentamente por Malcolm McLaren, un ávido estudioso de las vanguardias artísticas, admirador del rock más extremo y la cultura underground, en pareja con la diseñadora de ropa Vivienne Westwood (máxima creadora de la estética punk) y fugaz manager en los últimos días de los New York Dolls, banda maldita del glam neoyorquino en pleno descontrol narcótico y a punto de disolverse, con quienes no había podido aplicar sus teorías acerca del comportamiento de masas y la manipulación cultural.
Fue McLaren quien advirtió la decadencia de las grandes figuras del rock del momento (si repasamos de manera crítica los discos publicados por los grandes nombres en 1975 advertiremos que, salvo raras exepciones, el agotamiento creativo es notable, con una recurrente repetición de las ideas que cinco años antes habian sido revolucionarias y excitantes) y, aprobechando el vacio se valio de su envidiable capacidad para detectar los puntos deviles de la sociedad britanica y el mundo musical para imponer a los sex pistols, grupo arrmado bajo su direccion, con quienes pudo tomar rebancha tras su frusracion con los New york dolls. El punk causo todo un estallido mediatico en Gran Bretaña a base e escandalos y provocación, y ese impacto lo populariso en el resto del mundo, al principio mas como nota de color que como movimiento estetico y musical. De todos modos, la llegada del punk marca un antes y un despues en el rock, cuyo efectos se pueden apreciar hasta la actualidad.
Parental Advisory: Explicit Content es un sticker pegado por la Asociación de Industria Magnetofónica de América (RIAA) en muchos albumes de estudio de ciertos grupos musicales que presentan idioma o contenido ofensivo y/o explicito.
La etiqueta es muy prevaleciente en el Heavy Metal, Hard Rock y Punk, tambien se puede encontrar en cualquier otro genero en el cual la RIAA considere necesario pegar el aviso de contenido explicito.
Surgidos en los suburbios de Londres, The Clash logró repercusión hacia 1977 dentro del contexto del punk. Los Pistols gobernaban mientras Joe Strummer y Cía. se erigían como los rockers del punk.
Lean y presientan. Luego comenten.
White riot
White riot – I wanna riot
White riot – a riot of my own
White riot – I wanna riot
White riot – a riot of my own
Black people gotta lot a problems
But they don’t mind throwing a brick
White people go to school
Where they teach you how to be thick
An’ everybody’s doing
Just what they’re told to
An’ nobody wants
To go to jail!
All the power’s in the hands
Of people rich enough to buy it
While we walk the street
Too chicken to even try it
Everybody’s doing
Just what they’re told to
Nobody wants
To go to jail!
Are you taking over
Or are you taking orders?
Are you going backwards
Or are you going forwards?
— (español) olé
Disturbio blanco – Yo quiero alborotar
Disturbio blanco – Mi propio disturbio
Disturbio blanco – Yo quiero alborotar
Disturbio blanco – Mi propio disturbio
La gente de color tiene muchos problemas
Pero ellos no se preocupan
Lanzando el ladrillo
La gente blanca va a la escuela
Donde les enseñan como ser unos “burros”
Y todo el mundo hace
Lo que les dicen que hagan
Y nadie quiere
Ir a prision!!!!!
Todo el poder esta en las manos
De la gente lo suficientemente rica para comprarlo
Mientras caminamos las calles
Muy cobardemente para intentarlo
Y todo el mundo hace
Lo que les dicen que hagan
Y nadie quiere
Ir a prision!!!!!
Estas tomando el mando
O estas recibiendo ordenes?
Estas yendo hacia adelante
O vas hacia atrás?

We must choose brothers, we must choose…
Que forma de empezar dirigiendose al público, a sus seguidores, fans, o simplemente gente que buscaba una paz diferente a la que ofrecían los hippies.
Y solo por fumar un par de porros, termina preso, sin previo aviso, sin juicio que lo enjuicie, claro, y era obvio lo que iba a ocurrir…
John Lennon, The black Panters, y muchos otros se juntaron para rescatar un compatriota, para que se aclaren sus derechos a la libertad, el trato de la situación, y porque no, el poder fumar porque a uno se le canta, o mejor dicho, lo dice en sus letras.
Gracias MC5 por hacer la pre-fiesta antes de ir a bailar, ya desde temprano reclutar la gente necesaria para empezar un ciclo de vida que continua en la cresta de la ola, pero silenciosamente.
Drogas, arrestos, recitales, y unificación son los legados de esta banda.
Motor City 5